Ganador del Premio Nacional de Poesía de la UIS

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esmir_garces_pqEl escritor Esmis Garcés, fue el ganador del Concurso Nacional de Poesía con su libro El otro vuelo del cuervo. El premio lo otorga la Universidad Industrial de Santander cada año.

El Jurado del Concurso de Poesía, Ramón Cote Baraibar, Fernando Herrera y Juan Manuel Roca, destaco “que la obra sostiene una unidad temática y una misma atmósfera, que sin embargo no limita una amplia gama de registros. La obra revela un mundo sugestivo e inquietante, de gran imaginación y dominio del idioma”. En el acta, el Jurado añade que “la obra es una producción notable en la reciente producción poética del país, con una musicalidad que le da un tono intimista a un mundo poblado de presencias oníricas y de sobresaltos nocturnos”.

Entrevista: Viví rodeado de caudalosas quebradas, y una tierra fértil para la agricultura
Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)

Pocos son los colombianos que pueden decir que nacieron en medio de libros y enciclopedias, y aún más pocos, los que a estas alturas del siglo puedan decir que aprendieron a leer y a escribir y a oír a sus abuelos contando historias después de la cena. Por eso es casi un ser extraño, Esmir Garcés quien ganara un premio de poesía convocado por la Universidad Industrial de Santander. Su infancia transcurrió en la más absoluta felicidad, rodeado de la vida del campo, con amigos inseparables, eternos, afectivos. Todos los días, en luchar con el atafago de la ciudad, Esmir se encontraba en su ambiente de cantos y bramidos, de aromas y sonrisas.

– ¿Su infancia transcurrió en medio de libros y poemas?
Mi infancia transcurrió en el municipio de Algeciras, Huila. Allí viví rodeado de caudalosas quebradas, y una tierra fértil para la agricultura. En la casa en la que estuve con mis padres y hermanos, era de bareque, poco a poco esta se fue cayendo por la acción de la lluvia y los años, los adolescente que pasaban frente a ella, la llamaban Managua; luego, fue remplazada por una de material, construida por secciones a través de un tiempo prologado.  En mi casa no hubo libros, pero contenía frondosos árboles frutales de mangos, naranjas, guamos, entre otros, y un jardín con diversas especies florales. En esta casa llegaban abejas, mariposas y, toda clase de pájaros, que con sus cantos estremecía el mundo.  La poesía que escuche, fue la de la lluvia y la de los pájaros.

– ¿Qué poesía se oía en aquel entonces?
Mi padre con todo el esfuerzo, compró una radiola, un aparato que sintoniza algunas emisoras y, a su vez, servía de tocadiscos. De vez en cuando, mi padre ponía sus discos de 45 r.p.m., en las que se conjugaban pasillos, bambucos y vallenatos, y otros ritmos antioqueños. Todos los Domingos, padre ubicaba en el dial, una emisora que tenía el estudio en Neiva; esta emisora programaba en las horas de la mañana, la música de Óscar Agudelo, Olimpo Cárdenas y Carlos Gardel entre otros. Para el Día de las Madres, la emisora emitía un programa especial, contenido en canciones alusivas al ser querido y, una decena  de poemas populares, que leía  el locutor con sentimiento y añoranza. 

– ¿Qué poetas leía en su adolescencia y juventud?
– En las vacaciones de fin de año, yo me trasladaba a vivir a pequeña finca de los abuelos, ubicada en las inmediaciones del río Páez y del río Magdalena. La administración estaba a cargo por unos de mis tíos. Éste tío se había aprendido de memoria, los poemas del huilense Régulo Suárez, para luego recitarlos con los amigos en las cantinas. En una de esas visitas que realicé, uno de los primos, le trajo a su padre un casete, en el que contenía el poemario “El sueño de las escalinatas”, de Jorge Zalamea, narrado por su autor.  Tal vez fue este poema, el que me permitió explorar el camino de la poesía, el entender y develar, la magia y la música de las palabras.    

– ¿Quién le ayudó a sumergirse en ese mundo de versos?
Con mi familia decidimos trasladarnos a Neiva, huyendo de la violencia del pueblo, pues ya habíamos soportado la primera incisión guerrillera y, con ella, la fuerte arremetida militar, accionar que acarreó centenares de muertos, que fueron cayendo uno a uno en las calles, en la plaza de mercado y hasta en el atrio de la iglesia. Partimos con el presagio, de que pueblo iba a terminar  mal. No tengo con precisión cómo se dio la entrada a la poesía, pero recuerdo que en el colegio donde cursé la secundaria, llevaban escritores para que charláran con nosotros. Cómo no recordar los Centros Literarios que hacíamos tanto el salón como en el aula general; tal vez, fueron estos espacios que me permitieron encontrar el camino hacia la poesía. 
También recuerdo que hubo atrás aproximaciones literarias. Mi primer trabajo fue de portero en un edificio de médicos profesionales; allí  llegaba la prensa local y nacional; en uno de estos medios locales, habían incluido para los suscritores unos facsímiles sobre poesía colombiana que circulaban los Domingo, yo los tomaba prestado y los leía con gran entusiasmo. Igualmente fue por la prensa, que me enteré, que el Banco de la República había facilitado el auditorio para realizar lectura y presentaciones de libros.   

– ¿Recuerda cuál fue el primer poema que escribió?
– Sucedió en 1987, el colegio donde me encontraba cursando noveno grado de la secundaria, decidió realizar un concurso de poesía  interno. El concurso requería  de un solo poema con tema libre. Yo escribí un sobre la bandera de este país, por supuesto, fue un poema panfleto; hoy determino que este intento fue tan solo un conjunto de palabras sin mayor sentido; sin embargo, los directivos de la institución decidieron otorgarme el primer puesto y el premio consistió en la entrega de un Quijote de metal, elaborado en los talleres del misma institución. 

– ¿Qué sucedió con ese poema?
– Decidí quemarlo, afortunadamente no se publicó en ningún medio impreso. Fue un ciclo que no deseo recordar; tan solo, se que fue la vía que me permitió conocerme a mí mismo. Una vez se entra en la literatura y en la creación, uno es poseído por el lenguaje, por las palabras, por la sintaxis y la gramática. Mi vida se ha transformado en alguien que devora palabras y palabras.

– ¿Qué poemas son recurrentes en su cotidianidad?
– Soy muy observador de las cosas que tengo contacto y de las que se mueven alrededor; el poema sale del milagro del instante.  Yo soy agua y tierra; entre estos dos mudos, está el poema en espera de tomar contacto con el poeta. La imagen llega y se posa en la palabra, en esos misterios de la sonoridad. El poeta tiene la misión de humaniza el mundo a través de las palabras, yo sin mayores pretensiones intento hacerlo de la mejor manera.

– ¿Cómo está la poesía colombiana actual?
– En cada una de las épocas, hemos gozado de grandes poetas en nuestro país, pero nuestra poesía se debe mirar desde el ámbito latinoamericano; es aquí donde existe las complicaciones, frente a países que tienen una verdadera tradición literaria, estoy hablando de México, Argentina, Chile, Venezuela, inclusive Perú. Países donde han surgidos poetas que han revolucionaron la poesía contemporánea en latinoamericana. Colombia apenas ha puestos algunos nombres, nombres que  se han perdido en maremagno de la tradición. Actualmente, la poesía colombiana va por un buen camino ya que tenemos nombres como Juan Manuel Roca, Giovanni Quessep, William Ospina, Ramón Cote Baraibar, Santiago Mutis, Fernando Herrera, Elkin Restrepo, Rómulo Bustos, Guillermo Martínez, Gonzalo Márquez Cristo, Antonio Correa, Horacio Benavides, Amparo Osorio,  Flober Zapata, entre otros. Una generación que le ha apostado al oficio, independiente de fenómenos políticos y sociales e históricos acontecidos en del país; si algunos de estos poetas no logran entrar en el canon de la poesía latinoamericana contemporánea, pienso que por lo menos abrirán el camino a la nuevas generaciones, como Jorge Cadavid, Nelson Romero, Juan Felipe Robledo, Federico Díaz-Granados, Andrea Cote, Felipe García, Lucía Estrada, Lauren Mendinueta y Saúl Gómez entren otros. 

– ¿Los festivales de poesía han servido para aumentar el número de lectores y poetas?
– Los festivales sirven para sacar a los poetas de las catatumbas y ponerlos  frente al público, para que éstos comprendan que el creador es un ser de carne y hueso. No se sabe con exactitud, el impacto que un festival de poesía o literaria pueda generar en  las ciudades o los pueblos; creo que es difícil cuantificarlo. Pienso que si estos festivales tienen un componente pedagógico, estoy seguro,  que algo deberá de generar.

– ¿Cómo surgió la idea de participar en el concurso de la UIS?
– Había escrito el libro desde hacía ocho años, algunos de estos poemas me habían augurado el camino, dándome un premio de poesía regional. Entonces, entendí que me encontraba en el camino correcto. El tema salió influenciado por la lectura de los libros: El cuervo de Allan Poe,  El Cuervo de Ted Huhes y Señales de cuervo de Juan Manuel Roca. Durante el proceso escritural, leí un centenar de libros de poemas y, algunas novelas y algunos de cuentos, porque había escuchado que la narrativa ayuda a la poesía. Cada año, el libro era transformado en todo el sentido de la palabra, reconozco que fui obsesivo, a tal punto, que un día casi decido destruirlo, gracias al concurso de la UIS, que entré por la red virtual,  el libro ahora tiene su propio vuelo.    

– ¿Quedaron varios poemas por fuera?
– Siempre quedan cosas por fuera. Cuando se muda de casa, algo se queda en la otra. Yo quería escribir un libro de gran factura, pero es muy difícil hacerlo; tan solo, estoy conforme con algunos de ellos, puesto que son los que sostienen el libro.

– ¿Fue realmente sorpresiva la noticia de haber ganado el concurso?
– Toda buena noticia causa sorpresa, particularmente si esta corresponde a un premio de tal magnitud. Es muy grato, porque constituye un reconocimiento a un trabajo honesto, serio y responsable. 

– ¿Qué poema destaca de todos los que allí aparecen?          
– Destaco el primer poema qua abre el libro; un homenaje que le hago a la misma escritura. Recapitulo en la página en blanco, donde el cuervo tiene su propio mundo y el aire es una estela de palabras. Pienso que es la puerta o la venta para acceder al mismo vuelo de la poesía. El libro sostiene un lirismo minucioso, una visión cosmogónica y onírica, en la que se entreteje con la gama de tonalidades plasmadas en el libro. El cuervo tiene diversas manifestaciones en la hoja.    

– ¿Cuál poema considera que es “poema perfecto” no de su producción sino de poetas que lo inspiren?
Cada siglo arroja los poetas que se requiere; en este caso, me inclino por el poeta Eugenio Montejo, de éste destaco el poema “El canto del gallo”, esta obra reúne el concepto de la poética  contemporánea. Montejo hace del rocío una gota que entra y sale en las entrañas del gallo, en la que el canto se desborda en un grito inmenso. Yo he leído un millar de poemas, pero como éste no hay otro igual;  son de esos poemas que abofetean al lector, que lo estremecen con toda la razón del mundo; particularmente  me inclino por esta clase de escritura, porque nos obliga ir más allá de las palabras, de las estructuras y de los ritmos; en términos generales, descifrar la misma vida.

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