Flor Romero: “París fue un curso intensivo de cultura”

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Por: Jorge Consuegra  Flor Romero no se cansa de batallar. Y esa garra viene desde su misma infancia cuando sus padres le empezaron a mostrar lo que era la vida y desde ese…

…entonces empezó trabajar sin descanso primero leyendo incansablemente todos los libros que le caían en sus manos y luego dándose a la tarea de escribirlos.

    Ha ganado muchos premios, dentro y fuera del país y ha sido invitada infinidad de veces a ser jurado en multitud de premios nacionales e internacionales de literatura.

    Su más reciente obra es algo así como una catarsis por París, la inolvidable Ciudad Luz, la ciudad de las experiencias, la que siempre acogió a los grandes de las letras colombianas y allí vivió Flor Romero durante casi dos décadas.

     “Mi estadía de 18 años en París- recuerda- fue un curso intensivo de cultura. Con el privilegio de residir como diplomática, me propuse ahondar en los predios literarios y fue así como alterné con importantes escritores franceses y latinoamericanos, traductores, profesores, especialistas de las letras; asistí a numerosos coloquios literarios en Francia y países vecinos y me topé con los fantasmas de los grandes pensadores franceses, pues me propuse visitar sus casas sus rutas, sus bibliotecas, sus entornos. Hasta tuve la fortuna de que la Editorial Ramsay me editara la novela La Rue des Autres en francés antes que en español, y que la UNESCO incluyera mi novela Crépitant Tropique en la colección de “Obras representativas”, después de su publicación en la Editorial Albin Michel. Ustedes saben que los escritores en Francia son ciudadanos de primera categoría y así me sentí siempre, bien tratada, bien recibida por los entornos culturales”.

 ¿Siempre será París la bienamada?
– Por siempre la Ciudad Luz será para mi bienamada. París me acogió con especial deferencia y  con amor se incrustó en mi corazón profundo.

flor_romero– ¿Por qué quisiste escribir este libro en homenaje a esta hermosa ciudad?
– Por todo lo que me dio como escritora y como ser humano. Me correspondió vivir una época extraordinaria. Cuando se aprobaron leyes importantes de avanzada, alterné con personajes valiosos como el etnólogo y pensador Claude Lévi-Strauss, los escritores Jean Paul Sartre y  Simonne de Beauvoir,  Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos, Alejo Carpentier, Ruben Bareiro Saguier, los  periodistas Marcel Niedergang, Pierre Manrique y Menie Gregoire, entre otros; los profesores Claude Couffon y Jacqueline Baldrin, Jacques Gilard, los traductores Antoine Berman y Laure Bataillon, críticos literarios y editores.  7 de mis libros  están traducidos al francés. Eso regocija mi espíritu. 

 ¿Qué se siente al regresar continuamente a París?
– Felicidad por el reencuentro con gentes queridas, con sitios de grata recordación, algo de saudade. Reafirmo el propósito de no dejar mis coordenadas con la Ciudad Luz. La prueba es que sigo suscrita a Magazine Littéraire, a Le Nouvel Observateur, sigo pidiendo libros de mis escritores consentidos como Albert Camus, Proust, Stendhal, Céline, Balzac, Victor Hugo, Verlaine, Voltaire,  Moliere, Flaubert, Marguerit Yourcenat, entre otros, ya sea a la colección de La Pléyade de Gallimard, o por Amazon. Todo esto fuera del placer de visitar  librerías, museos, casas de escritores,  restaurantes y bistrós de mi predilección para degustar patés, quesos, coquilles Saint Jacques mouseline de brioche y toda la exquisita patisserie. Es como regresar a un ayer amado que renueva y fortifica.

 ¿La París de hace 30 años es muy diferente a la París del siglo 21?
– Ha cambiado bastante el paisaje humano, pero lo esencial queda. El aire cultural sopla aún desde el Arco del Triunfo hasta el Mediterráneo y a sus costados. La buena mesa, los buenos vinos y champañas nos esperan sin tregua. Los eventos  artísticos que atraen hasta el fondo del alma ocurren todo el año. Y el ceremonial reverencial a las asuntos del pensamiento y del espíritu permanece intacto
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Foto: Felipe Ferré

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