Hay que cuidar el idioma y el vocabulario

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cuarenta_principalesCon tristeza reciben los comunicadores, vigentes y en retiro, el que sea mediante una accion judicial que se controle el vocabulario en los medios hablados.

Por: Rudames / [email protected]

Quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar en los medios de comunicación sentimos gran tristeza cuando la Fiscalía General de la Nación tuvo que abrir investigación contra la emisora los Cuarenta principales por haber violado la ley que tiene que ver con el respeto a los demás, pero lo peor del caso es que los abusos que se vienen cometiendo en la radio, principalmente y luego en los otros medios de comunicación como la televisión es para dar escalofrío.

Hace unos años, el Ministerio de Comunicaciones daba unas licencias a los locutores y periodistas que tenían como trabajo el hablar por la radio y eso se obtenía luego de someterse al aspirante a un riguroso exámen intelectual y de pronunciación, eran muchos los que se presentaban y pocos los que pasaban, pero resultado de esto eran bellas voces, con gran dicción, manejo de los idiomas y conocimiento de los temas que trataban en los diferentes espacios radiales.

Se respetaba al oyente, se culturizaba, se educaba y daba gusto pasar acompañados de quien tenía estilo hasta para anunciar una canción, hablar de un tema concreto o lo mas importante, el que leía las noticias, pero ahora da tristeza, principalmente en las estaciones de radio juveniles se está abusando al tratar temas tan importantes como el sexo de manera rastrera, utilizando palabras vulgares y que decir de quienes se dedican dizque a hacer humor, lo que hacen es burlarse de la gente de color, de personas lisiadas o de los defectos totales de sus semejantes. Esto es grave, porque el respeto ha desaparecido y no podemos decir que es únicamente estos jóvenes, porque a veces en grandes cadenas radiales se cierran programas y noticieros, burlándose de las mujeres y tocando temas sin ninguna altura.

Antes se dejaba que el entrevistado hablara, pero ahora hemos cometido el error que quienes entrevistamos somos los que tenemos la pregunta y la respuesta, porque somos las figuras.

Muchos cuando hablan al frente de un micrófono se olvidan que al otro lado de ese pequeño receptor hay damas respetables, niños y ancianos, y no les importa hablar de sexo y de otros temas de manera vulgar, con la sola respuesta que si no les gusta, pueden cambiar de dial.

Cambiaron esos años donde la gente estaba orgullosa de la gente de la radio, muchos les daban las gracias por lo que aprendían y ahora lo que da es pena cuando los dueños de las emisoras y directivos les abren los micrófonos a personas ignorantes, sin ninguna cultura o peor, a personas vulgares que creen que es la forma de hacerse los célebres.

La polémica sección denominada “Ay Marikita” que invita a sus oyentes a “denunciar” conductas homosexuales de sus amigos, generó rechazo en las organizaciones defensoras de la libertad sexual y en las redes sociales, fue el detonante para que la Fiscalía General de la Nación abriera la investigación a la emisora los Cuarenta Principales, pero a pesar de que ellos pidieron perdón en sus cuentas de twitter, la cosa es grave porque en estos programas, lo que se da es oportunidad para que los jóvenes se agredan entre si y se burlen de las niñas que aun siguen siendo vírgenes, lo que quiere decir que en vez de educar, están promoviendo es la discriminación, a pesar de que ellos digan lo contrario.

Creo que el Ministerio de las TIC, antiguo Ministerio de Comunicaciones, debe monitorear y vigilar mas las estaciones de radio, porque en estos momentos cualquiera maneja a las patadas el idioma y dicen las vulgaridades que quieran al aire y lo que importa es simplemente que pague por los espacios radiales o que sea amigo de los que dirigen las emisoras.

Es muy claro que la responsabilidad de quienes estamos en los medios de comunicación es bastante grande, pero de verdad que da tristeza cuando quienes están al frente de un micrófono hablan de cualquier manera y dejan al aire conocer su ignorancia.

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