Obras de Gonzalo Ariza se apoderan de las paredes del Mambo

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Por lo menos 20 fotografías y 50 pinturas, integran la exposición “Poética del paisaje” del maestro Gonzalo Ariza en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Se trata de una retrospectiva de uno de los artistas colombianos mas destacados a nivel internacional, celebre entre otros hechos, porque con sus obras fue un férreo contradictor de Martha Traba, la crítica argentino colombiana, fundadora del Museo de Arte Moderno de la Universidad Nacional de Colombia.

La muestra, que estará abierta al público hasta el 30 de enero de 2013 presenta una retrospectiva del trabajo paisajístico de Gonzalo Ariza tanto en la pintura como en la fotografía, faceta menos conocida del artista que, no ha recibido el reconocimiento y la justicia necesaria dada la relevancia de su obra.

En las mas de 70 obras expuestas en el MAMBO, los visitantes encontrarán imágenes construidas por Ariza a partir de su devenir en el paisaje, en el que se funde, como señala María Elvira Ardila, curadora de la muestra, con la inconmensurable naturaleza del país.

“Gonzalo Ariza deviene en el paisaje, se funde con los frailejones, los siete cueros, en sus orquídeas cultivadas pacientemente en su jardín, en los recorridos por la Peña, la Quinta de Bolívar, por la Sábana de Bogotá, en la espuma del río Apulo, en los paisajes aéreos de San Javier, en las nubes que flotan en el cielo, o en el pico de la montaña en su casa en la población de La Mesa en la que divisaba la arboleda de yacarandos, los chíchala, los ocobos y los bambú”, señala Ardila.

El trabajo de Ariza evidencia además una cercanía al arte japonés y a la cultura Zen, elementos adquiridos durante su visita al País del Sol Naciente en 1936. Ardila recuerda que dicha visita “le permitió penetrar la vasta cultura japonesa, en Tokio estudió grabado en la Tokio KotoKogueiGakko y recibió clases de acuarela de Foujita, estas clases le permiten adentrarse en la concepción del paisaje y de la técnica oriental, las clases son innovadoras, su Maestro lo llevaba a pescar, y en el minuto de la pesca, Foujita ya había terminado una pintura del instante. A su vez, su permanencia en Japón le evidenció la estrecha conexión que existe entre los objetos de la Mesoamérica y los de la cultura japonesa”.

Enfrentado a los estamentos políticos de su época, cuando fue incluso interrogado como sospechoso de conspiración para derrocar al entonces dictador Gustavo Rojas Pinilla, la obra de Ariza también transita por el grabado y desde luego, por la senda de la crítica política, social e indigenista, labor que realiza durante una época en que esta técnica estaba en declive.

“Luego de la captura ilegal, Luis Ángel Arango interviene para que el mismo gobierno de Rojas Pinilla lo nombre como Encargado de Asuntos Culturales en la Embajada de Japón. En este período no solo se desempeñará como funcionario de la Embajada sino registrará fotográficamente al Japón de la posguerra”, rememora la curadora de la muestra.

Pero no es ese elemento político y social lo más relevante de la obra de Gonzalo Ariza, es el trabajo de paisaje y la proposición de una nueva manera de asumirlo desde una visión científica, ecóloga y sensible, más cercana a la comisión coreográfica de Codazzi que a la Escuela artística de San Fernando de España, lo que hay que destacar de su trabajo.

“Su pintura devela nuestro paisaje colombiano, especialmente el de la Sábana de Bogotá, el de Río Magdalena y el de la Mesa y sus alrededores. Conocía la flora nativa y reflexionaba que la identidad de un país está en su paisaje, en su territorio. Pensaba que el arte colombiano podría ser regionalista, idea que provino desde ese instante en que arribó por primera vez al Puerto de Buenaventura, después de su primer viaje a Japón se impactó con la riqueza del trópico. Tal vez, en ese momento fusionó lo aprendido en Japón con la exuberancia y contrastes del paisaje colombiano, por eso en muchas ocasiones les habló a sus hijos de su deseo de hacer con el paisaje lo que había hecho Rivera con su pintura”, recuerda Ardila.

La relevancia de esta exposición está en que Ariza es un artista que no en pocos ocasiones fue rechazado por la sociedad artística, Revista Semana en un artículo publicado en abril de 1996, habla sobre la revalidación de la obra de este artista y menciona que “hace 30 años la obra de Gonzalo Ariza era vituperada y atacada con singular saña bajo el argumento de que no se inscribía en la estética de la vanguardia; hoy en cambio, es considerada pionera y visionaria precisamente por la misma razón”.

Durante su regreso al país en el 57, Ariza se vio enfrentado no solo a Rojas Pinilla, sino también a Marta Traba, pues su oposición al muralismo mexicano y a los nacionalismos en el arte, así como su concepción del arte, evidentemente influenciada por su periplo japonés, no son vistas con buenos ojos por la sociedad artística del momento en Colombia.

“No he sido un pintor relegado ni nunca me he sentido marginado» afirmó en alguna ocasión Ariza, quien sin embargo, dadas las fuertes críticas a su trabajo (incluso se cuenta que Marta Traba quemó uno del sus cuadros en clase como ejemplo de lo que no se debía hacer en pintura), tomó la decisión de alejarse de la escena entre 1964 y 1973, confinándose en su taller.

Actualmente, el trabajo de este artista, nacido en 1912 en Bogotá, es altamente valorado y forma parte de las colecciones de arte privadas más importantes del país y también de los museos más significativos del país.

Las obras que hoy, curiosamente se exhiben en la sala Marta Traba del MAMBO, así como en la sala Alejandro Obregón, son de un valor incomensurable, dado el real valor del trabajo de Ariza, que ahora goza del estatus que siempre debió gozar. Es entonces la muestra de un legado irrecuperable si analizamos la depredación del paisaje en la contemporaneidad y la sensibilidad del registro de ese caminante eterno, de ese poeta pintor que es Ariza y que más allá de los vilipendios y los ataques, no renunció a su amor al arte y a esos recovecos de la tierra colombiana que llevó fundida en su alma hasta el final de sus días.

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