El valle francés en la lista de patrimonios de la humanidad

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Piedad 05_SenalizacinEl Valle del Loira en el centro de Francia es Patrimonio Cultural de la Humanidad y el escenario que no aparece tan frecuentemente en las guías turísticas de los visitantes.

Por: Piedad Granados (Colaboradora en Europa)

La carta turística de Francia es mucho más que la emblemática Torre Eiffel, el Museo de Louvre o el Moulin Rouge. Buena parte de la historia cultural y artística francesa está escrita en el Valle del Loira en el centro del país, que ha sido catalogado como Patrimonio Cultural de la Humanidad y que alberga un conjunto de más de 40 castillos construidos por los aristócratas medievales, entre otras cosas para presumir de sus riquezas.

Para llegar a esta zona que también es conocida como el “Jardín de Francia”, la primera parada es en la ciudad de Tours. Se puede tomar un tren desde la estación Gard Nord de Paris y en una hora, o un poco más dependiendo del presupuesto, comenzará la aventura por las huellas de la historia francesa.

Tours es una ciudad pequeña pero rica en cultura e historia. Está atravesada por el rio Loira justamente, y se dice que fue uno de los principales núcleos del cristianismo. El centro de la ciudad es una mezcla de renacimiento y modernismo. Viviendas típicas de los siglos XIV y XV convertidas en pequeños hoteles o restaurantes, aún se mantienen en pie custodiadas por inmensas catedrales de estilo gótico que fueron el blanco de varias de las batallas que se libraron en la región.

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Para hospedarse la oferta es amplia y para todos los bolsillos, ya que la presencia de turistas y estudiantes de todo el mundo es bastante alta durante todo el año.

Tours se convierte en residencia temporal pues los castillos se ubican en pequeñas poblaciones vecinas a las que se puede llegar fácilmente en tren o en automóvil.

Tal vez antes de planear su viaje y caminar por las huellas del medioevo le interese saber algunos datos curiosos de estos castillos que aunque parezcan construcciones fantasiosas de los cuentos de hadas, fueron verdaderas fortalezas y residencias de la monarquía francesa.

Uno de los castillos se encuentra en la ciudad de Amboise, donde el artista italiano Leonardo da Vinci vivió sus últimos años gracias a su cercanía con el rey Francisco I, uno de los propietarios que tuvo el castillo. Se dice que los restos mortales del artista reposan en la tumba que lleva su nombre dentro de una grande capilla de la imponente construcción y es indudablemente uno atractivos de la visita.

Este castillo, además de ser una de las muestras más auténticas del renacimiento francés, reconstruye la vida del artista Da Vinci no solo en el campo de las artes sino desde su cotidianidad. Allí reposan algunos elementos que dejan ver sus facetas como ingeniero, arquitecto, botánico y grande creativo. Recorrer las huellas del autor de la “Monalisa” es mucho màs que fascinante.

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Otro dentro de la lista es el Castillo de Blois que figura entre los más atractivos. Se dice que esta construcción es una de las más bellas de Francia y la favorita de la monarquía francesa de los siglos XIV y XV. El castillo que fue declarado como patrimonio cultural por la Unesco es un testigo silente de guerras religiosas, escondite de exiliados, crímenes pasionales y se dice que hasta fue nada menos que un regalo de bodas de uno de los soberanos que por allí pasó. Vaya regalo!

Incluso la historia cuenta que Juana de Arco se hospedó y fue bendecida en el castillo de Blois, antes de partir a la guerra que dio liberación a la ciudad de Orleans, en la misma región.

El castillo de Chambord es también una joya del Valle del Loira. Fue la residencia de caza del rey Francisco I, y se convirtió en una reliquia arquitectónica de la época. De hecho, visitarlo es entrar de lleno a conocer las grandes pasiones por las que fue inmortalizado el rey. La caza y la arquitectura.

Cada una de estas construcciones cuenta su propia historia pero claramente algunas conservan características que imprimen un poco de magia y misticismo. Es curioso encontrarse por ejemplo con algunas pinturas de arte religioso con trazos macabros dadas las rivalidades entre los reinos o recorrer los inmensos salones que fueron sitios de reunión de aristócratas e intelectuales de la época, aun con el mobiliario intacto desde el renacimiento.

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Pero más allá de reyes, príncipes y familias reales, basta recordar a Fray Guillermo de Baskerville en “El nombre de la Rosa” para visitar la Abadía de Fontebravd, una impresionante muestra arquitectónica construida en el siglo XII como recinto monástico . Seguramente ya no se respira el aire espiritual de los varios siglos que duró el claustro , porque luego de que fuera un recinto de oración y trabajo de religiosos, pasó a ser una temible penitenciaria simplemente para evitar ser destruida.

La lista de castillos es tan larga o corta como lo decida el turista. Es recomendable visitar uno o máximo dos en un día, porque aunque las conexiones férreas son bastante buenas, es mejor tomarse su tiempo para apreciar cada detalle.

Los recorridos no tienen tiempo límite y a la entrada de los castillos generalmente le entregan al turista un par de audífonos que le cuentan “literalmente” al oído, en el idioma que lo prefiera, los principales hechos y anécdotas de cada uno. Así es que váyase de aventura medieval, seguramente podrá descubrir secretos que han estado custodiados durante varios siglos entre los invencibles muros de la historia.

Fotos: Piedad Granados

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