Nemonte Nenquimo: “La selva no es un recurso, es un ser vivo que nos protege”

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Foto: cortesía Ediciones Urano / Ileana Bolivar

La líder waorani ecuatoriana presentó en Bogotá su libro “Seremos Jaguares”, una reflexión sobre la defensa de la selva, la memoria ancestral y la urgencia de reconciliarse con la naturaleza.

Mayo 2026. La presencia de Nemonte Nenquimo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026 no tuvo el tono ceremonioso de las figuras literarias tradicionales. Su voz llegó desde otro lugar: desde la selva, desde la memoria de los pueblos originarios y desde una historia de resistencia que hoy dialoga con una de las mayores preocupaciones del planeta, la crisis ambiental.

La activista ecuatoriana del pueblo waorani y autora del libro “Seremos Jaguares” habló en Bogotá sobre la relación espiritual que las comunidades indígenas mantienen con la naturaleza, una visión profundamente distinta a la lógica extractiva que domina buena parte del mundo contemporáneo.

Para Nenquimo, la selva no puede entenderse únicamente como una fuente de riqueza económica. Explicó que para su pueblo el territorio está unido a la vida misma, a los espíritus, a la memoria y al equilibrio colectivo. “La selva no es solamente árboles o petróleo”, vino a decir durante la conversación. En su cosmovisión, el bosque respira, protege y enseña.

Esa manera de entender el mundo atraviesa también las páginas de “Seremos Jaguares”, un libro en el que la líder indígena recoge la experiencia de resistencia de las comunidades waorani frente a las amenazas petroleras que durante años han puesto en riesgo parte de la Amazonía ecuatoriana.

Lejos del discurso incendiario o de la retórica política, Nemonte Nenquimo habló desde una convicción íntima: el amor por su pueblo y la responsabilidad con quienes vendrán después. Relató cómo las comunidades indígenas han debido aprender a moverse entre dos realidades, tratando de conservar su herencia cultural mientras enfrentan la presión de modelos externos que amenazan sus territorios.

Uno de los momentos más simbólicos de la conversación llegó cuando explicó el significado del jaguar dentro de su cultura. Para los waorani, este animal no representa únicamente fuerza o poder. Es un ser sagrado, un guía espiritual y un mensajero que protege a la comunidad y mantiene el vínculo entre el mundo humano y la naturaleza.

Por eso el título de su libro no funciona solamente como una metáfora literaria. “Seremos Jaguares” es también una declaración de resistencia y permanencia cultural.

La activista indígena cuestionó además la manera en que el consumismo y el materialismo han desconectado a las sociedades modernas de la tierra. Según explicó, esa ruptura con la naturaleza está en el centro de la emergencia climática que hoy afecta al planeta. Desde su mirada, mientras el mundo insiste en medir el progreso únicamente desde la explotación y el crecimiento económico, los pueblos indígenas siguen defendiendo otra idea de equilibrio.

En ese contexto sostuvo que las comunidades originarias se han convertido en una primera línea de defensa ambiental, muchas veces enfrentando amenazas políticas, económicas y territoriales para proteger ecosistemas fundamentales para la vida.

Incluso cuando abordó temas complejos, como el debate alrededor de los hipopótamos en Colombia, lo hizo desde una perspectiva ligada al equilibrio colectivo. Explicó que en circunstancias excepcionales, cuando una especie representa un riesgo para otras formas de vida o para una comunidad, pueden tomarse decisiones difíciles, siempre bajo criterios de protección y responsabilidad con el entorno.

A veces se debe sacrificar ejemplares de una especia cuando estos genera graves afectaciones a otras especies animales o al mismo ser humano, en referencia a los hipopótamos del magdalena medio

La conversación con Nemonte Nenquimo dejó en la FILBo 2026 algo más que una reflexión ambiental. Fue también un llamado a escuchar saberes que durante décadas han sido ignorados o reducidos al folclor. En tiempos donde el planeta parece discutir a contrarreloj su propia supervivencia, la voz de los pueblos indígenas ya no suena como una advertencia lejana, sino como una memoria urgente que el mundo apenas empieza a comprender.

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